Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Presidencia de la Nación.

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Archivo Nacional de la Memoria Afro

Entrevista a Miriam Victoria Gómez, Referente de la Comunidad Caboverdeana en Argentina



"Tenemos que reforzar nuestra identidad, luchar contra los estereotipos, usando la educación, los medios de comunicación"
 
Sus padres llegaron a la Argentina expulsados por la situación económica en Cabo Verde. Miriam nació hace 53 años en el barrio de Dock Sud, Avellaneda, donde pasó su infancia "como en un gueto". Docente de Literatura y de Historia, y ex presidenta de la Asociación Mutual «Unión Caboverdeana» de Dock Sud, asegura que "en Argentina falta conocimiento de la historia y hay muchas fantasías sobre lo afro". "Si bien hay una apertura del Estado a trabajar estos temas, aún no se hicieron carne en la sociedad", opina. La Secretaría de Derechos Humanos la entrevistó para incorporar su testimonio al Archivo Nacional de la Memoria Afro, un proyecto que busca preservar y reivindicar las historias de vida de los afroargentinos. Aquí, un avance con algunos aspectos de la entrevista.
 
"Mi nombre es Miriam Victoria Gómez. Nací en Dock Sud, y pertenezco a la comunidad caboverdeana en Argentina, un grupo de inmigrantes que empezó a llegar hace más de 120 años al país. Nosotros estamos apostados en los puertos: Dock Sud, Berisso, Punta Alta, Rosario y toda la costa patagónica, por tener oficios relacionados con la navegación", se presenta. "Mi papá nació en Cavo Verde y vino a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial, y mi mamá nació en Argentina pero es hija de aquellos caboverdeanos que llegaron en la primera oleada migratoria", cuenta, trazando desde su historia personal el período en el que se dieron las inmigraciones caboverdeanas a la Argentina: desde fines del siglo XIX, aunque se dieron con más fuerza a partir de 1920, hasta fines de la década del 40. La mayoría llegaron al país expulsados por la situación económica en Cabo Verde, que hasta 1975 estuvo bajo el dominio colonial de Portugal. "Lamentablemente las condiciones de vida en las islas eran lamentables. En la época que vinieron mis abuelos, antes de 1900, hubo una gran mortandad a causa del hambre. Murieron como 30 mil personas, y eso en un país de alrededor de 400 mil personas es muchísimo", relata.


Miriam creció en el barrio de Dock Sud, en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. "Era nuestro barrio, el gueto. Éramos muchos; de hecho yo tenía muchos compañeros de mi comunidad en la escuela primaria, y cada dos o tres casas había una familia caboverdeana". Quizás por eso, Miriam no conoció la magnitud del racismo y la intolerancia hasta que empezó a frecuentar otros espacios.
Una frase de su padre la marcaría para siempre: "Mi viejo nos enseñó que la situación de los negros no es fácil en ningún lugar del mundo", recuerda, como una de las verdades que forman su conciencia política. "Dicen que Argentina no es un país racista, pero hay mucha gente intolerante", dispara.


A través de la docencia y de la militancia por los derechos de su comunidad, Miriam dedicó su vida a la lucha contra la invisibilización de la presencia negra en la historia, y contra el racismo. No por casualidad estudió Historia y Literatura. "Falta conocimiento de la historia; hay mucha fantasía sobre lo afro. Cuando fui estudiante, no encontré en los textos nada que me reflejara. Eran imágenes estereotipadas de la negra, las empanadas…". Y va más allá: "Es más difícil hablar con colegas que con los alumnos", se lamenta, y asegura que aquellos "son grandes reproductores de esa historia".


Además, Miriam tuvo varias experiencias en espacios políticos, con el objetivo de trabajar contra la discriminación. Sin embargo, asegura que "los partidos políticos tradicionales no tenían en su agenda el tema del racismo". Y, dentro de su comunidad, tuvo que "enfrentar el machismo, el patriarcado, para llegar a ser presidenta de la Asociación Cavoverdeana" (cargo que ocupó hasta el año pasado), dice, exponiendo su doble condición de discriminada: mujer y negra.


Pero en su formación política tuvo un papel central el ejemplo de su padre, quien, junto con otros miembros de la comunidad, creó en Buenos Aires una sede del Partido Africano por la Independencia de Cabo Verde, un movimiento político que trabajó por liberar a ese país y Guinea del dominio colonial de Portugal, liberación que se consiguió recién en 1975, en el marco de los procesos de descolonización que tuvieron lugar en África y Asia tras la Segunda Guerra Mundial hasta fines de la década del 70.


"Yo desde chica escuché hablar de independencia, de la revolución de Amílcar Cabral, de Patrice Lumumba, de Agostinho Neto", relata Miriam.  Para ella, "esas personas no eran próceres lejanos sino gente de carne y hueso, conocidos de mis padres, o porque habían ido a la escuela o habían jugado al fútbol en alguna plaza". "Amilcar Cabral era un tipo brillante, único, como compañero, amigo, poeta, además que fue un hombre de Estado y el que pensó la independencia para Guinea y para Cabo Verde. Es un pensador que todavía es poco conocido, pero que cuando los analistas empiecen a tomarlo más en cuenta van a encontrar que fue extraordinario", destaca Miriam.
Ya adolescente, Miriam buscó contactarse con otros afroargentinos y a interesarse por todo lo africano. De esa forma, comenzó a participar en 1983 del Comité Argentino Latinoamericano contra el Apartheid, creado por el afroargentino Enrique Nadal, padre del músico Fidel Nadal.


Hoy, además de trabajar como miembro de la asociación Caboverdeana de Dock Sud integra la agrupación Todos con Mandela, "una agrupación que se creó cuando falleció Nélson Mandela, en el 2013, que tiene por objetivo transmitir los ideales de Nélson, su pensamiento político y humano".


Para ella, "así como el siglo XIX fue muy afro, veo que el siglo XXI también. Hay una multiplicidad de manifestaciones culturales", señala, y agrega que "hay una apertura del Estado a trabajar con estos temas, la diversidad, etcétera, pero son temas que aún no tienen carne en la sociedad". "Tenemos que reforzar nuestra identidad, luchar contra los estereotipos, usando la educación, los medios de comunicación. Necesitamos un proceso de orgullo negro como el de Estados Unidos en los 60", dispara, y se esperanza: "Tengo confianza en el futuro".

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